«Vivimos en tiempos de hiperconexión. De conexiones vacías a través de las cuales, paradójicamente, intentamos responder a nuestro vacío.»

Alcanzando la Madurez Emocional

Te invito a conectarte con tus emociones con madurez emocional.

Hasta ahora entendíamos que una persona con un alto grado de inteligencia emocional era capaz de no sólo registrar sus emociones sino además de poder nombrarlas con precisión. Sin embargo, la persona madura emocionalmente no sólo es capaz de conectar con sus emociones, identificarlas con precisión, también es capaz de distinguir las múltiples emociones que pudieran estar presentes en un mismo momento, sus matices, y su significado.

Una persona con escaso contacto con su mundo emocional responde a su estado emocional con un “bien”, “mal”, “mas o menos” como la única manera de referirse a como se siente. A veces le suma algunas otras expresiones como por ejemplo: “molesto”, “nervioso”, “tenso”, “contento”…

Con un grado un poquito más avanzado la persona distingue algunas emociones y estados básicos y dice “triste”, “enojado”, “alegre”, “impotente” “optimista”.

La persona con madurez emocional puede distinguir entre muchas más emociones e incluso cuando experimenta varias en forma simultánea. Así puede decir, por ejemplo, “me siento angustiado, enojado y algo de miedo”.

Así mismo, puede reconocer qué papel cumplen esas emociones que está experimentando en ese momento. Dicho de otra manera, para qué esas emociones están ahí. También puede darse cuenta si esas emociones tienen una presencia funcional o disfuncional.

Presencia Funcional

La presencia funcional, quiere decir que la emoción permitirá que la persona logre adaptarse a lo ocurrido, desplegando los recursos que necesita para tal fin. Así por ejemplo, si te enojas posiblemente puedas acceder a una energía que ter permitirá responder resolutivamente al obstáculo que se te ha presentado. En tanto, si la emoción de disfuncional la respuesta no será adaptativa sino que generará mayor displacer y sufrimiento.

Siguiendo con el ejemplo del enojo, terminarás hiriendo a alguien, rompiendo o destruyendo algo de una manera que conduce a un estado mucho peor del que estabas inicialmente. Como ves aquí tu enojo es disfuncional porque no te permite resolver o construir algo nuevo sino por el contrario, te aleja de lo que inicialmente te habías propuesto.

La persona madura emocionalmente puede distinguir si su emoción o sus emociones están presentes con una intensión (o disposición) funcional o disfuncional.

Llegar a este estadio madurativo requiere entrenamiento. Un entrenamiento diario. No es algo que hagas en un curso o un taller ni de un año ni de dos. Este trabajo madurativo debes hacerlo todos los días.

Uno de los errores más comunes que encuentro en los participantes y aspirantes a mis cursos es que buscan en la información el acceso a su desarrollo madurativo. No es así como se accede. La información, el conocimiento, es importante sí, pero no es eso lo que te garantiza tu desarrollo. Si quieres madurar debes dedicarte tiempo a mirarte en silencio, a registrar tus emociones, tus cambios emocionales, las diferentes intensidades con las que se presentan las emociones.

Amplía tu vocabulario emocional

Ahora bien, vamos con lo primero. Lo primero. Amplía tu vocabulario emocional. Si no tienes la distinción a mano difícilmente te será fácil observarla cuando aparece. Si mi lista de emociones no supera las 10 emociones (y ojo porque a veces veo que confunden emociones con valores y virtudes) entonces posiblemente no pueda identificar o distinguir más emociones que esas.

Entonces, lo primero, tarea: Haz una lista con las emociones tanto placenteras (las conocidas como “positivas”) como displacenteras (las conocidas como “negativas”).

Personalmente no llamo a las emociones como positivas y como negativas, atribuirle el carácter -negativo- a las emociones displacenteras es un error conceptual enorme. Las emociones displacenteras son valiosas. No dejan de ser displacenteras por eso, ya lo sé, pero valiosas al fin. Cuando decimos que algo es negativo decimos que hace mal, que es perjudicial. Las emociones displacenteras provocan malestar claramente, incomodidad, aun así, resultan parte de nuestra experiencia del vivir y son necesarias para nuestra supervivencia.

Volvamos. Toma un lápiz y un papel y realiza tu lista. No importa el grado de experiencia que tengas aquí o cuan emocionalmente inteligente consideres que eres. Cada tanto yo mismo hago este ejercicio para darme cuenta cuan a mano estoy teniendo mis distinciones emocionales.

Una vez que tengas tu lista completa busca más emociones y amplía tu lista. Investiga cada una de ellas, sus diferencias. No es lo mismo que sientas enojo, bronca, resentimiento o impotencia. Cada emoción y cada estado de ánimo es único y trae consigo lo propio y necesario para nosotros.

Te propongo que reflexiones y dediques tiempo a conectarte con tus emociones, a distinguir las emociones que aparecen en vos y el sentido que tienen o que crees que tienen en ese momento particular.

Nos encontramos en la siguiente parte de esta colección «Madurez Emocional»

EZEQUIEL PONCE
Diseñador de Conversaciones Significativas
www.eiovine.com