No es una fórmula mágica, quizás una fórmula difícil. Sólo tienes que hacer una pausa, evitar tu impulsividad de hablar, y capturar tus pensamientos.

Pocas personas se detienen a observar lo que piensan. No me refiero a hablar de lo que piensan sino a observar lo que piensan. Con quietud. Con detenimiento.

La mayoría habla de lo que piensa. Incluso escuchamos decir: “yo pienso….” Pero pocos observan detenidamente lo que dicen cuando expresan lo que piensan. Esto sucede porque solemos andar en forma automática -y con prisa- por la vida. Otras veces, aún deteniéndonos a observar lo que pensamos no podemos ver más allá del tipo de observar que somos en ese momento (Cuando esto pasa necesitamos de alguien distinto, de otro que tenga la capacidad de observar aquello que yo no estoy pudiendo observar por mi mismo).

Muchos de nuestros pensamientos no los expresamos públicamente. No porque nos avergüence sino simplemente porque no decimos todo lo que pensamos todo el tiempo (sería imposible). De esos pensamientos hay algunos que requieren atención porque está allí la forma en que configuramos todo. Desde quien soy hasta como es el mundo.

Lo pensamientos pueden ser juicios automáticos aislados que emitimos y que condicionan mi forma de relacionamiento con eso que estoy juzgando. Así cuando juzgas que algo es horrible se convierte en horrible para vos y por lo tanto hay posibilidades que estarán disponibles para vos y otras que no. Si eso que veo a través de la vidriera de un local digo que es horrible la posibilidad de comprarlo o acceder a ello se esfuma, mi interés desaparece. También pudiera ocurrir lo opuesto.

Eno hay ningún problema en ello hasta tanto las consecuencias de mi juicio no me genere sufrimiento. Si por juzgar algo como horrible no me permite acceder a otras posibilidades que si deseo entonces me perjudica. Te daré un ejemplo concreto. Te dices a ti mismo que el idioma ruso es horrible. Ahora, contame como te ves estudiando ruso. Ves! No te ves o te ves pasándolo mal. Sin embargo, resulta que vives una colonia de rusos y que existe una enorme posibilidad de desarrollo profesional allí, tanto que podrías pensar que se trata de lo que siempre quisiste lograr. ¿Y ahora?.

No eestoy diendo que debes cambiar de gusto y comenzar a decirte que algo es lindo cuando te resulta horrible. Es como comer una fruta que no te gusta mientras te dice que te gusta. Vas a sufrir igual. Pero esta no es la única salida. La salida está en que observes cómo es que llegaste a decir que el ruso era un idioma horrible. Qué experiencias tuviste que te llevaron a ese juicio. Quizás puedas advertir que no has tenido la experiencia suficiente para emitir ese juicio o bien que no hayas tenido las mejores experiencias en el pasado no determinan que el ruso sea así y que por lo tanto existe la posibilidad de que nuevas experiencias futuras te permitan cambiar este juicio.

Esta es la invitación aquí. Conectar con tus pensamientos te permitirá darte cuenta de que posibilidades te cierran y cuales te abren. Y profundizar en ellos para destrabar tu mundo de las limitaciones que sin darte cuenta te estas colocando. Cuando lo hagas aparecerán espacios de posibilidades que antes no existían.

Te propongo hacer un ejercicio

Durante los próximos días escribe los pensamientos que tienes sobre vos mismo y que consideras pudieran estar deteniéndote en tu desarrollo o bien que simplemente te están privando de acceder a ciertas experiencias. Intenta escribir uno por día durante 5 días. No te juzgues ni los juzgues. Cuando termines pregúntate: ¿Cómo llegué a este pensamiento? ¿Cómo sería para mi desafiar este pensamiento? ¿Qué posibilidades surgirían si no tuviese este pensamiento?

La persona madura emocionalmente están en contacto con sus pensamientos en forma continua. Es capaz de identificar cuando un pensamiento los está limitando en el momento que aparece.

Algo más! Solemos identificarnos con los pensamientos. Nos decimos “yo soy eso que pienso”. Esa identificación es una acción aprendida. Yo no soy mis pensamientos. Mis pensamientos son sólo eso, pensamientos. Yo soy yo, y esos pensamientos que surgen de lo aprendido. Hemos aprendido a pensar de la manera de la que pensamos. Y podemos re aprender a hacerlo.

Nuestros pensamientos surgen de lo aprendido. Y esto es complejo porque aprendemos, en gran medida, sin darnos cuenta. Me gusta llamarlo aprendizaje en segundo plano. No nos damos cuenta que estamos aprendiendo todo el tiempo. Cada contacto, cada experiencia, provoca una cantidad enorme de cambios en nuestro organismo, incluyendo conexiones neurológicas, todo ello se configura en algo aprendido. Sin darme cuenta aprendí.

Y así aprendemos a pensar de la manera en que lo hacemos. Significa que le ponemos palabras a la experiencia. Y esas palabras no son azarosas, responden a experiencias pasadas, a nuestros rasgos personales, a lo aprendido anteriormente. Así, dos personas ante un mismo hecho tienen pensamientos distintos (aunque a veces pueden coincidir en la conclusión).

Dicho esto. Te quedan dos caminos. O continuar pensando de la manera en que lo has venido haciendo o comenzar la transformación de tus pensamientos.

Para transformar los pensamientos necesitas salir del piloto automático. Este es un ejercicio de ampliación de consciencia. Mirar tus propios pensamientos. Saber detenerse y mirar lo que pensas. Que tu mente impulsiva e inconsciente haga una pausa y se mire.

Por qué no es tarea sencilla

Varios motivos: 1. Porque debes dedicarle tiempo y no siempre le asignamos tiempo. 2. Porque debes creer que puedes transformar tus pensamientos. 3. Porque debes aprender a hacer pausa, lo que implica romper con hábitos y con el automático. 4. Porque tus pensamientos tienen una base emocional desde el cual operan.

Para estos 4 puntos te propongo algunas preguntas que te permitan observar tu estado actual y al mismo tiempo tus pensamientos.

1. DEDICARLE TIEMPO

¿Cuánto tiempo le estoy dedicando a conectar con mis pensamientos?
¿Con qué frecuencia conecto con mis pensamientos?
¿Qué razones o excusas me doy para justificar que no tengo tiempo?
¿Qué pienso sobre mi capacidad de dedicarle tiempo a esta tarea?

No basta con responder: “es verdad”, “tiene razón”. No se trata de eso. Se trata de que las preguntas lleguen. Y para ello debes hacerte cargo de ellas. Si no le estoy dedicando tiempo: ¿Quiero dedicarle tiempo? ¿Quiero hacer algo con esto? O simplemente, “mejor sigo como estoy”. Sé que no se trata de querer o no querer, a veces simplemente no podemos, y no podemos porque estamos cansados, abatidos, porque hemos probado muchas cosas y casi que estamos rendidos, que ya estos ejercicios pierden sentido…

Sin embargo, de esto se trata, de que, a pesar de todo ello, recuperes tu firme decisión de seguir intentándolo, aun cuando no sepas bien cómo lo harás, ni qué pasará cuando lo hagas. Nunca tenemos garantías en este sentido, lo que si te puedo garantizar que si te mueves, si te contactas con vos mismo, algo va a ocurrir, y eso que ocurrirá es mil veces mejor que estar en el mismo lugar.

2. CREER QUE ES POSIBLE

¿Estoy convencido de que dedicarle tiempo a transformar los pensamientos limitantes en pensamientos habilitantes es una inversión para mí?
Muchas veces caemos en el juicio de que es una tarea vana, que no conduce a nada. Desde la resignación o desde la incredulidad abandonamos el trabajo de hacer algo con nuestros pensamientos y simplemente nos entregamos al automatismo, con todos los costos que eso implica.

3. HACER PAUSAS, ROMPER HÁBITOS Y SALIR DEL PILOTO AUTOMÁTICO

¿Con qué frecuencia hago pausas reflexivas?
¿Cuán consciente soy de mis pensamientos?
¿Puedo reconocerme / descubrirme en qué momentos estoy en automático?

PREGUNTAS PARA IDENTIFICAR PENSAMIENTOS RECURRENTES Y HABITOS ESPONTÁNEOS:

¿Qué pensamientos resultan recurrentes en mí?
¿Qué hago con esos pensamientos? ¿Puedo observarlos cuando aparecen?
¿En qué momentos aparecen esos pensamientos?
¿Qué es aquello que ocurre externamente frente a lo cual esos pensamientos se disparan?

4. BASE EMOCIONAL

¿Puede reconocer cuál es la emoción o cuáles son las emociones que están presentes en ti al momento de esos pensamientos?
¿Puedes conectar tus pensamientos con tus emociones?
¿Puedes reconocer la influencia de esas emociones en tus pensamientos?

No eres tus pensamientos

Algo que hacemos los seres humanos es identificarnos con nuestros pensamientos, con nuestra mente. La idea “yo soy lo que pienso” es una idea aprendida. No somos lo que pensamos. Tu no eres lo que piensas. Tus pensamientos son fruto de complejas concusiones con base emocional y corporal que se encuentran en constante formación y transformación en contacto e interacción con uno mismo y con el medio.

Así, desde pequeños cada experiencia por más pequeña que haya sido en contacto e interacción con uno mismo y con el medio ha servido de base para pensar sobre ello y hacer conclusiones que luego serán afirmadas (tomadas como verdades) – en muchos casos absolutas-.

La identificación con la mente implica la identificación con los pensamientos y la forma de particular de procesar la información, la experiencia, el contacto. El medio afirmará esto cuando nos devuelve un “si piensas eso es porque eres de tal forma”. Lo que hace que la identificación sea aun más fuerte.

En algunos casos observamos conversaciones donde surgen expresiones tales como “yo pienso así”… “porque soy así”. Asociamos lo que pensamos con nuestra forma de ser particular. Lo que no advertimos es que yo soy mucho más que mis pensamientos. De hecho, muchos de mis pensamientos ni siquiera son míos, los he comprado con total inconsciencia.

Compramos pensamientos cuando hacemos nuestras ideas, creencias o juicios sin darnos cuenta. Lo hacemos en transparencia. Cuando lo hacemos por ejemplo, pienso cosas que mis padres, o alguno de ellos, o algún adulto a quien le asigné autoridad pensaba o dijo en algún momento, o deduje de su comportamiento (“dado a que hace x piensa z, pensar en z está bien, es correcto”).

También podemos comprar pensamientos del medio. Una falsa lógica es creer que lo que cree la mayoría es cierto. Así, cuando nos encontramos en determinados grupos (de trabajo, de amigos, sociales, etc) o cuando escuchamos ciertas conclusiones a través de los medios, estos pensamientos ajenos son tomados como verdaderos y son comprados sin “chequear su calidad”. Compramos esos pensamientos, los hacemos nuestros, comienzan a operar en nosotros, comenzamos a repetirlos, y jamás nos dimos cuenta de ello.
Sin pensarlo, ni cuestionarlo, simplemente lo incorporé, lo aprehendí, lo hice mío; pero no es mío (bueno, podríamos decir que ahora sí, pero en esencia no).

El punto es que no soy mi mente. No soy mis pensamientos. Soy mucho más que eso. Para no hacer una explicación demasiado teórica lo voy a poner en algunas preguntas: ¿Cuántas veces has tenido pensamientos que no te representan? ¿Cuántas veces te ha escuchado decir algo y al hacerlo dices “wow! De dónde saqué esto”?

Cuando nos identificamos con la mente esas preguntas no están. Simplemente no somos conscientes de lo que pensamos. No hay contacto alguno con lo que pensamos. Decimos y expresamos lo que pensamos sin cuestionarlo. Lo que pensamos habita en nosotros y nos condiciona de múltiples maneras, sin embargo, no somos capaces de verlo.

No dejo de sorprenderme cuando observo conversaciones donde una de las personas dice algo que el otro acusa de falso, de erróneo, y entonces la persona acusada comienza a justificar aún sin fundamentos su posición. Lo que está haciendo es defendiendo sus pensamientos. Pensamientos que ha hecho tan suyo que ante tal acusación sólo interpreta que el acusado es él o ella. En esos momentos me dan muchas ganas de parar todo y decirle: Oye! Eso que piensas no eres tu, no se trata de ti, se trata de eso que piensas. Haz una pausa, no para que cambies tu manera de pensar necesariamente, sino para te detengas y observes si eso que piensas es tuyo, si lo puedes fundamentar o simplemente es fruto de una experiencia pasada o se lo compraste a alguien más.

Cuando acepto la idea de que no soy lo que pienso. Surge una posibilidad. La de separarme de mis pensamientos y poder mirarlos. Entonces no sólo entro en contacto con ellos, puedo explorar y descubrir mis pensamientos, mis creencias, mis juicios, mis conclusiones y mi manera particular de llegar a ellos.
Cuando somos capaces de soltar nuestros pensamientos somos capaces de transformar el interpretador que somos, el observador que somos, el escuchador que somos… al hacerlo un nuevo mundo de posibilidades aparece. Posibilidades que no existían antes.

EZEQUIEL PONCE
Diseñador de Conversaciones Significativas
www.eiovine.com