Mi trabajo es generar conversaciones incómodas (siempre bajo el marco del respeto y común acuerdo). El punto es que si las conversaciones no son incómodas no hay aprendizaje. De ese aprendizaje del que esperamos una verdadera transformación.

Tener este tipo de conversaciones no es tarea sencilla y mucho menos venderlas. ¿Por qué? Porque huimos. ¿Y cuándo es que los seres humanos huimos? Cuando tenemos miedo.

Esta es una respuesta orgánica clásica. Cuando nuestro organismos percibe la amenaza a su seguridad reacciona. Y esto sucede tanto a nivel individual como colectivo.

Una vez me llamaron de una empresa para resolver un tema complejo. Voy a llamarlo así para no entrar en detalles. (En general siempre me llaman para este tipo de temas nunca para el taller de la foto. ¡Ay dios! Me encanta). Les respondí: “Está bien, trabajaré sobre esto. Ahora bien, ustedes saben que tendré que tener conversaciones incómodas con todos” . En ese momento se hizo una pausa, mi miraron y me dijeron “bueno, pero con mucho cuidado..”

Y sí, le tenemos terror a lo que puede pasar tras una conversación incómoda. Nadie quiere tener este tipo de conversaciones. Son consideradas riesgosas. Recuerdo otra empresa cliente y el Director de Aprendizaje y Desarrollo me dice “Sé que necesitamos una conversación de esas de las tuyas (mis ojos se abrieron) pero podríamos tener una conversación más motivacional?” Claramente largué una carcajada… Nuevamente el temor!

Lo que tenemos que entender es que el miedo no es un aliado para el aprendizaje. Que cuando el miedo está ahí hay conversaciones que dejamos de tener, conversaciones que son necesarias para avanzar, conversaciones que son necesarias para liderar, para trabajar juntos bajo un mismo propósito, para sentir que pertenecemos.

Miren. Después de más de 15 años de trabajo en organizaciones y con miles de personas les puedo asegurar algo: Una vez que tenemos al conversación incómoda -e incluso durante- comienza a surgir la sensación de alivio, la sensación de pertenencia y el deseo de comprometerse aún más, los vínculos se estrechan, la confianza aumenta, los niveles de efectividad y motivación se elevan, se reduce el estrés, la ansiedad..

Evitar las conversaciones incomodas no hace que desaparezcan. Nos las guardamos. Y están ahí empujando todos los días, todas las noches a la hora de ir a dormir y en cada mañana cuando nos despertamos (y a quienes saben muy bien que incluso surgen en medio de nuestros sueños).

Así es. Mi trabajo es, en gran medida, la de generar conversaciones incómodas.

EZEQUIEL PONCE
Diseñador de Conversaciones
www.eiovine.com