Hoy le he dicho a mi hermana que está haciendo un muy buen trabajo como mamá. Así, tal cual, sin rodeos, sin muchas palabras. Se emocionó.

Y me quedé pensando: Cuantas veces damos todo por sentado. Con cuanta frecuencia olvidamos reconocer. Con cuanta frecuencia señalamos, juzgamos cuando alguien hace algo que creemos que está mal; y al mismo tiempo, dejamos pasar todo lo que hace bien, el esfuerzo. Porque sí, todos nos esforzamos día a día, todos cargamos con nuestros dolores, con nuestras cicatrices, nuestras mochilas.

Todos respiramos una y otra vez cuando estamos cansados pero en vez de salir corriendo volvemos a la carga, no porque sea algo que hay que hacer sino porque al final vale la pena y porque no siempre todo es color de rosa.

Reconocer. Un simple acto que puede producir tanto. Reconocer sin pedir nada a cambio. Reconocer no para motivar sino por el simple y mero hecho de conectar. Porque cuando reconocemos conectamos. Y al conectarnos se produce un cambio bioquímico en nuestro organismo que nos llena de felicidad, de gratitud, de entusiasmo por la vida aún en plena adversidad.

Reconocer. Conectar.

Buenos días a todos.
Espero que este día esté lleno de reconocimiento
Comenzando por uno mismo.
Porque seguramente tenemos mucho por reconocernos.

EZEQUIEL PONCE
Diseñador de Conversaciones Significativas
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