Hoy quiero compartir con vosotros algo a lo que no le damos mucha importancia o que no relacionamos directamente con nuestros niveles de desempeño o rendimiento. Tiene que ver con cómo nos tratamos a nosotros mismos. Es decir, cómo nos relacionamos con nosotros mismos.

Estoy en condiciones de afirmar que la relación que construimos con nosotros mismos tiene un impacto significativo en nuestra calidad de vida. Nuestros niveles de desempeño, de efectividad y de bienestar se encuentran directamente condicionados por esta relación interior.

He estado estudiando cómo la manera en la que nos relacionamos con nosotros mismos condiciona nuestros niveles de efectividad. En la gran mayoría de las experiencias, cada vez que he observado niveles bajos de bienestar y de satisfacción, he observado también cierta falta de respeto por uno mismo y prácticamente una ausencia de autocuidado.

He observado además, una relación directa entre el estado emocional y el tipo de relación interior que se presenta. Las conversaciones interiores son producto y a su vez, el combustible de los estados emocionales; juntos dan lugar a una relación interior particular.

¿Quiénes son los que conversan? ¿Quiénes son los que se relacionan? Yo y Yo. El ser humano tiene esta capacidad biológica sustentada en el lenguaje. Somos capaces de construir un yo distinto del yo y crear una danza interior, una pareja interior que conversa y que se relaciona.

Hagamos una prueba: Por favor, responded a estas preguntas: ¿Te permites disfrutar? ¿De qué si? ¿De qué no?

Observad que cuando decimos si te permites algo o no, estamos generando mentalmente esta construcción: de un yo y un otro yo. De dos “yo” distintos que conviven. Donde uno le da permiso al otro. En este sentido creamos una relación interior. Puedo mirarme a mi mismo, observarme y hablar de ello. Así, pues, construimos una relación, en este caso una relación interior, con uno mismo.

¿Cuántas veces te has sorprendido hablándote a ti mismo como si fueses un otro separado? Este ejercicio nos permite tomar cierta distancia mental y reflexionar sobre lo que estamos haciendo, pensando, sintiendo. Y por lo tanto, nos permite tomar mejores decisiones. Cuando nos reclamamos, por ejemplo, ¿Cómo ha sido posible que yo haya hecho esto?; esta acción -que en este ejemplo es una amonestación- es a su vez una acción reflexiva. Acción que nos permite detenernos y observarnos.

Esta distinción sobre «relación con uno mismo» es crucial para comprender nuestro sufrimiento, nuestros estados emocionales, nuestra insatisfacción, nuestro estado de bien-estar o mal-estar. También podemos comprender los límites y el mundo de posibilidades que somos capaces de crear. Se desprende también, en gran medida cómo nos relacionamos con otras personas, con el mundo, con la vida.

PODEMOS RE-APRENDER A RELACIONARNOS

«En nuestra manera particular de relacionarnos con nosotros mismo albergamos formas disfuncionales que generan sufrimiento»

La manera particular que tengo de relacionarme conmigo mismo ha sido aprendida. He aprendido a relacionarme de esta manera, por supuesto, sin darme cuenta. No vamos a culpar a padres y madres; es mucho más grande que ello y definitivamente mucho más complejo. Simplemente vamos a quedarnos con esta idea: es algo aprendido.

Lo que confundimos muchas veces es esta forma particular de relacionarme, que repito, ha sido aprendida, con mi forma particular de SER. Y si a esto le sumamos la idea de un yo inmutable (de que las personas somos de una manera particular y que no podemos cambiar o transformar ciertos rasgos o aspectos) terminamos de construir una cárcel verdaderamente angustiosa.

Pues, déjame decirte algo; lo único inmutable son nuestros genes. Lo que se aprende se puede desaprender y volver a aprender (re-aprender). Nadie dice que es fácil -tampoco difícil- ni por dónde ha de comenzarse. Sin embargo, a estas alturas bien sabemos -incluso, científicamente- que podemos re-aprender a relacionarnos con nosotros mismo, que podemos transformar ciertos aspectos con los que nos hemos venido identificando. Y el poder intervenir significa que podemos elegir, que ya no somos presos inconscientes de nuestro devenir.

¿Cómo has aprendido a relacionarte contigo mismo? Probablemente no tengas la respuesta a esta pregunta. Significa que simplemente no has sabido como, no has sido consciente de este proceso, que no has podido elegir durante todo este tiempo. Y el no haber podido elegir es por definición una fuente de sufrimiento -en cierta medida-.

Quizás sientas que es el momento de elegir, que es el momento de escuchar esas conversaciones interiores, de observar la manera en la que te relacionas contigo mismo y hacer algunas intervenciones. Algunas de estas intervenciones podrás hacerlas por ti mismo, otras, en cambio, puede que necesiten de alguna ayuda profesional externa -por su complejidad- (y por economizar, en esfuerzo y tiempo).

TRES PREGUNTAS, UNA FÓRMULA SIMPLE (PARA COMENZAR)

• ¿Cómo te tratas cuando te equivocas o cometes un error?
• ¿Te sirve ese trato?
• Si no te sirve, ¿Por cuál otro trato podrías reemplazarlo?

Si bien este es un simple ejercicio, y en muchos casos (gran parte de los casos) necesitamos intervenciones más profundas y complejas; podemos dar cuenta que así es como comenzamos a elegir de qué manera necesitamos tratarnos. Elegir, nos da poder. Y el nuevo trato, lo reafirma.

He conocido personas que se relacionan con si mismas de una manera muy rígida y severa (tanto de manera pública como de manera privada). Este tipo de relación empobrece la autoestima, les quita poder, los minimiza, los desprecia, lo hace sentir inútiles y en algunos casos hasta indignos de ser queridos o reconocidos.

RELACIONES INTERIORES GENERADORAS DE SUFRIMIENTO

También podemos hablar de una relación compasiva con uno mismo o una relación desde la lástima. Cuando alguien se relaciona consigo mismo desde la lástima una profunda sensación de incapacidad lo invade, sumándose la angustia por saberse incapaz de salir de allí dado a cómo es. “Yo soy así”, “me pasa todo lo malo”, “vivo en la desgracia”, “no tengo suerte”, “siento lastima por mí”. Esta vocecita interna ha sido aprendida, pero no sólo es la voz interior sino la relación que se constituye entre esa voz y el yo quien la acepta. Nuevamente vemos dos yo que conviven, y en esa relación particular, se potencian.

Son este tipo de relaciones, disfuncionales y tóxicas, las que generan sufrimiento. Un sufrimiento que cuando se profundiza comienza a gestar un trastorno emocional para la supervivencia del organismo: la depresión. No voy a profundizar aquí. Sin embargo, si observamos a la depresión responde a un estado angustioso sostenido con una fuerte pérdida de poder personal (autoestima) y sobre todo “de sentido” , provocada por una relación interior disfuncional sostenida que ha provocado cambios químicos severos que deben ser tratados inmediatamente con un profesional de la salud mental.

CLAVE PARA EL ALTO RENDIMIENTO DE LÍDERES Y EQUIPOS

En lo organizacional todo esto podría verse como un tema que tiene que ver más con el diván que con el ámbito corporativo. Sin embargo, parte de mi trabajo ha sido -y sigue siendo- observar a líderes y equipos, más precisamente, en cómo logran alcanzar niveles superiores de rendimiento. La conclusión ha sido clara: lo que hace a un equipo o a un líder estrella del que no lo es es la manera en la que se relacionan con ellos mismos.

He visto como líderes, deportistas, políticos y miembros talentosos de equipos han sido incapaces de brillar dada la manera en la que se trataban a sí mismos. He visto cómo su rigidez se ha traducido en incapacidad para escuchar, incapacidad para adaptarse, para innovar, para conectar, en definitiva, para co-crear valor y generar una cultura de pertenencia.

No es suficiente con que se les hable sobre la importancia de ser flexibles o innovadores o los formes en creatividad y agilidad. Al fin de cuentas, si ellos se tratan a sí mismos con rigidez verán limitada su capacidad de relacionarse con todo lo otro de una manera distinta que no sea sino con rigidez.

Cuando somos capaces de observar la manera en la que líderes y equipos se comportan y la manera particular de relacionarse con ellos mismos podemos comprenderlo todo, y ellos también. Si somos incapaces de ver esto somos incapaces de generar los resultados que perseguimos en términos de efectividad, rendimiento y bienestar.

Por supuesto, sus conversaciones interiores no son las únicas conversaciones que los convierten en líderes y equipos estrella. Ver Diseño de Conversaciones +

DESCUBRE:

Te animo a hacer una pausa reflexiva, a hacerte preguntas y a observarte con mucho cariño. Estas son algunas preguntas que puedes responderte para observar la manera en la que te relacionas contigo mismo:

• ¿Suelo tratarme con compasión?
• ¿Suelo tratarme con ternura?
• ¿Suelo tratarme con respeto?
• ¿Suelo escucharme y darme permisos cuando los necesito?
• ¿Suelo validar y atender mis necesidades?

Estás son sólo algunas preguntas que, cuando respondemos con consciencia y sinceridad, pueden darnos una pista del tipo de relación que tenemos con nosotros mismos y de las conversaciones interiores que lo sustentan.

Descarga el resumen en PDF +

 

Autor: EZEQUIEL PONCE
Diseñador de Conversaciones Significativas
www.eiovine.com

Nota: Ten presente que este escrito refleja mi propia mirada y no pretende ser considerado una referencia del tipo teórica o conceptual. Animo al lector a sacar sus propias conclusiones -tras una reflexión sincera y detenida- en pos de elevar sus niveles de efectividad y de su propio bienestar.