No los dejemos solos. Vivimos en una cultura que durante muchos años aprendió a silenciar sus emociones en el lugar de trabajo, donde pedir ayuda era sinónimo de debilidad o falta de profesionalismo.

Afortunadamente este paradigma está cambiando pero aún falta mucho. Todavía siguen instalados en nuestro trasfondo muchos supuestos que afectan significativamente nuestro estado de bienestar y nuestros niveles de efectividad.

Hoy bien sabemos que existe una relación directa entre nuestras emociones y nuestros rendimiento.

Si escuchamos con atención, los equipos están necesitando ayuda para desarrollar su resiliencia, para hacerse cargo de la fatiga pandémica que esta afectando al mundo entero, para hacer frente a la incertidumbre y la presión que se presentan aún bajo la mirada esperanzadora.

Os ruego, no los dejemos solos. Es nuestra responsabilidad acompañarlos en su desarrollo. Las personas son y serán el centro de todos los negocios.

Escríbenos para conversar y realizar este workshop en tu empresa.